Clase
para copiar en el cuaderno
Tercer año
El
resumen
Un resumen es
una exposición abreviada, concisa y fiel sobre los puntos más importantes de
un texto o documento. Como tal, puede realizarse de manera oral
o escrita, y debe ser objetivo, claro y coherente.
Es una técnica
de síntesis mediante
la cual llevamos un texto a su expresión más esencial, apuntando las ideas más
importantes y los aspectos más relevantes del tema, sin que medien
interpretaciones o posturas críticas. Su objetivo fundamental es facilitar al
lector la comprensión de un texto.
El resumen, es el
resultado de un análisis completo y profundo del texto. Para ello, se procede a
leer y comprender el texto; subrayar, resaltar y anotar las ideas principales;
para, a continuación, realizar un esquema que nos permita identificar su
estructura y la forma en que esta se desarrolla.
Resumen ejecutivo. Es un
tipo de resumen muy empleado en el mundo financiero y de los negocios, en el cual se busca
interesar en la dinámica de una futura empresa u organización a quien lo lee, dándole los
puntos más relevantes del mismo.
Resumen bibliográfico. Es el
resumen que se hace de un libro, una obra de literatura o una disertación, incluso un
libro científico, ya sea para fines divulgativos, o simplemente para una ficha
en una biblioteca, en
una librería digital o un sistema de clasificación de libros
Resumen de prensa. Suele
hacerse un resumen de prensa o resumen informativo, en el cual se sintetizan
las noticias del
día eligiéndolas en base a su importancia para la opinión pública (o el
criterio editorial), en los grandes medios de comunicación como
la TV.
Para
hacer correctamente un resumen podemos guiarnos por los siguientes pasos:
Leer
el texto original a cabalidad. Esto es indispensable para
hacer el resumen: no se puede resumir lo que se desconoce, ni se puede resumir
un texto leyéndolo por encima, pues ignoraremos cuáles son las ideas
principales y cuáles las secundarias.
Separar el texto en párrafos. Una
vez separado, marcar en cada párrafo las ideas principales, secundarias y
suplementarias, empleando un resaltador diferente para cada categoría. Si es
necesario, toma apuntes al margen o en una hoja aparte.
Trascribe
lo subrayado. Copia en tu cuaderno las ideas principales y
secundarias solamente, y trata de ordenarlas para formar con ellas un único
párrafo.
Redacta
de nuevo el párrafo. Vuelve a escribir el párrafo con las ideas
primarias y secundarias ordenadas, pero esta vez trata de hacerlo con tus
propias palabras.
Revisa
lo escrito. Relee tu texto final y elimina las cosas que
le sobren. Añádele un título y la información del libro resumido (autor,
título, editorial) en alguna parte.
Anaconda
Horacio
Quiroga
I
Eran las diez de la noche y
hacía un calor sofocante. El tiempo cargado pesaba sobre la selva, sin un soplo
de viento. El cielo de carbón se entreabría de vez en cuando en sordos
relámpagos de un extremo a otro del horizonte; pero el chubasco silbante del
sur estaba aún lejos.
Por un sendero de vacas en
pleno espartillo blanco, avanzaba Lanceolada, con la lentitud genérica de las
víboras. Era una hermosísima yarará de un metro cincuenta, con los negros
ángulos de su flanco bien cortados en sierra, escama por escama. Avanzaba
tanteando la seguridad del terreno con la lengua, que en los ofidios reemplaza
perfectamente a los dedos.
Iba de caza. AI llegar a un
cruce de senderos se detuvo, se arrolló prolijamente sobre sí misma removióse
aún un momento acomodándose y después de bajar la cabeza al nivel de sus
anillos, asentó la mandíbula inferior y esperó inmóvil. Minuto tras minuto
esperó cinco horas. AI cabo de este tiempo continuaba en igual inmovilidad.
¡Mala noche! Comenzaba a romper el día e iba a retirarse, cuando cambió de
idea. Sobre el cielo lívido del este se recortaba una inmensa sombra.
-Quisiera pasar cerca de la
Casa -se dijo la yarará-. Hace días que siento ruido, y es menester estar
alerta....
Y marchó prudentemente hacia
la sombra.
La casa a que hacía referencia
Lanceolada era un viejo edificio de tablas rodeado de corredores y todo
blanqueado. En torno se levantaban dos o tres galpones. Desde tiempo inmemorial
el edificio había estado deshabitado. Ahora se sentían ruidos insólitos, golpes
de fierros, relinchos de caballo, conjunto de cosas en que trascendía a la
legua la presencia del Hombre. Mal asunto...
Pero era preciso asegurarse, y
Lanceolada lo hizo mucho más pronto de lo que hubiera querido.
Un inequívoco ruido de puerta
abierta llegó a sus oídos. La víbora irguió la cabeza, y mientras notaba que
una rubia claridad en el horizonte anunciaba la aurora, vio una angosta sombra,
alta y robusta, que avanzaba hacia ella. Oyó también el ruido de las pisadas
-el golpe seguro, pleno, enormemente distanciado que denunciaba también a la
legua al enemigo.
-¡El Hombre! -murmuró
Lanceolada. Y rápida como el rayo se arrolló en guardia. La sombra estuvo sobre
ella. Un enorme pie cayó a su lado, y la yarará, con toda la violencia de un
ataque al que jugaba la vida, lanzó la cabeza contra aquello y la recogió a la
posición anterior.
El Hombre se detuvo: había
creído sentir un golpe en las botas. Miró el yuyo a su rededor sin mover los
pies de su lugar; pero nada vio en la oscuridad apenas rota por el vago día
naciente, y siguió adelante. Pero Lanceolada vio que la Casa comenzaba a vivir,
esta vez real y efectivamente con la vida del Hombre. La yarará emprendió la
retirada a su cubil llevando consigo la seguridad de que aquel acto nocturno no
era sino el prólogo, del gran drama a desarrollarse en breve.
II
Al día siguiente, la primera
preocupación de Lanceolada fue el peligro que con la llegada del Hombre se
cernía sobre la Familia entera. Hombre y Devastación son sinónimos desde tiempo
inmemorial en el Pueblo entero de los Animales. Para las víboras en particular,
el desastre se personificaba en dos horrores: el machete escudriñando,
revolviendo el vientre mismo de la selva, y el fuego aniquilando el bosque en
seguida, y con él los recónditos cubiles.
Tornábase, pues, urgente
prevenir aquello. Lanceolada esperó la nueva noche para ponerse en campaña. Sin
gran trabajo halló a dos compañeras, que lanzaron la voz de alarma. Ella, por
su parte, recorrió hasta las doce los lugares más indicados para un feliz
encuentro, con suerte tal que a las dos de la mañana el Congreso se hallaba, si
no en pleno, por lo menos con mayoría de especies para decidir qué se haría. En
la base de un murallón de piedra viva, de cinco metros de altura, y en pleno
bosque, desde luego, existía una caverna disimulada por los helechos que
obstruían casi la entrada. Servía de guarida desde mucho tiempo atrás a
Terrífica, una serpiente de cascabel, vieja entre las viejas, cuya cola contaba
treinta y dos cascabeles. Su largo no pasaba de un metro cuarenta, pero en
cambio su grueso alcanzaba al de una botella. Magnífico ejemplar, cruzada de
rombos amarillos; vigorosa, tenaz, capaz de quedar siete horas en el mismo
lugar frente al enemigo, pronta a enderezar los colmillos con canal interno que
son, como se sabe, si no los más grandes, los más admirablemente constituidos
de todas las serpientes venenosas.
Fue allí en consecuencia
donde, ante la inminencia del peligro y presidido por la víbora de cascabel, se
reunió el Congreso de las Víboras. Estaban allí, fuera de Lanceolada y
Terrífica, las demás yararás del país: La pequeña Coatiarita, benjamín de la
Familia, con La línea rojiza de sus costados bien visible y su cabeza
particularmente afilada. Estaba allí, negligentemente tendida como si se
tratara de todo menos de hacer admirar las curvas blancas y cafés de su lomo
sobre largas bandas color salmón, la esbelta Neuwied, dechado de belleza, y que
había guardado para sí el nombre del naturalista que determinó su especie.
Estaba Cruzada -que en el sur llaman víbora de La cruz-, potente y audaz rival
de Neuwied en punto a belleza de dibujo. Estaba Atroz, de nombre
suficientemente fatídico; y por último, Urutú Dorado, la yararacusú,
disimulando discretamente en el fondo de La caverna sus ciento setenta
centímetro s de terciopelo negro cruzado oblicuamente por bandas de oro.
Es de notar que las especies
del formidable género Lachesis, o yararás, a que pertenecían todas las
congresales menos Terrífica, sostienen una vieja rivalidad por la belleza del
dibujo y el color. Pocos seres, en efecto, tan bien dotados como ellos. Según
las leyes de las víboras, ninguna especie poco abundante y sin dominio real en
el país puede presidir las asambleas del Imperio. Por esto Urutú Dorado,
magnífico animal de muerte, pero cuya especie es más bien rara, no pretendía
este honor, cediéndolo de buen grado a la víbora de cascabel, más débil, pero
que abunda milagrosamente.
El Congreso estaba, pues, en
mayoría, y Terrífica abrió la sesión. -¡Compañeras! -dijo-. Hemos sido todas
enteradas por Lanceolada de la presencia nefasta del Hombre. Creo interpretar
el anhelo de todas nosotras, al tratar de salvar nuestro Imperio de la invasión
enemiga. Sólo un medio cabe, pues la experiencia nos dice que el abandono del
terreno no remedia nada. Este medio, ustedes lo saben bien, es la guerra al
Hombre, sin tregua ni cuartel, desde esta noche misma, a la cual cada especie
aportará sus virtudes. Me halaga en esta circunstancia olvidar mi
especificación humana: no soy ahora una serpiente de cascabel; soy una yarará,
como ustedes. Las yararás, que tienen a la Muerte por negro pabellón. ¡Nosotras
somos la Muerte, compañeras! Y entre tanto, que alguna de las presentes
proponga un plan de campaña.
Nadie ignora, por lo menos en
el Imperio de las Víboras, que todo lo que Terrífica tiene de largo en sus
colmillos, lo tiene de corto en su inteligencia. Ella lo sabe también, y aunque
incapaz por lo tanto de idear plan alguno, posee, a fuerza de vieja reina, el
suficiente tacto para callarse. Entonces Cruzada, desperezándose, dijo:
-Soy de la opinión de
Terrífica, y considero que mientras no tengamos un plan, nada podemos ni
debemos hacer. Lo que lamento es la falta en este Congreso de nuestra primas
sin veneno: las Culebras.
Se hizo un largo silencio.
Evidentemente, la proposición no halagaba a las víboras. Cruzada se sonrió de
un modo vago y continuó:
-Lamento lo que pasa. Pero
quisiera solamente recordar esto: Si entre todas nosotras pretendiéramos vencer
a una culebra, no lo conseguiríamos. Nada más quiero decir.
-Si es por su resistencia al
veneno -objetó perezosamente Urutú Dorado, desde el fondo del antro-, creo que
yo sola me encargaría de desengañarlas.
-No se trata de veneno
-replicó desdeñosamente Cruzada-. Yo también me bastaría... -agregó con una
mirada de reojo a la yararacusú-. Se trata de su fuerza, de su destreza, de su
nerviosidad, como quiera llamársele. Cualidades de lucha que nadie pretenderá
negar a nuestras primas. Insisto en que en una campaña como la que queremos
emprender, las serpientes nos serán de gran utilidad; más: de imprescindible
necesidad.
Pero la proposición
desagradaba siempre.
-¿Por qué las culebras?
-exclamó Atroz-. Son despreciables.
-Tienen ojos de pescado-agregó la presuntuosa
Coatiarita.
-¡Me dan asco! -protestó
desdeñosamente Lanceolada.
-Tal vez sea otra cosa la que
te dan.... -murmuró Cruzada mirándola de reojo.
-¿A mí?
-silbó Lanceolada, irguiéndose
-. ¡Te advierto que haces mala
figura aquí, defendiendo a esos gusanos corredores!
-Si te oyen las Cazadoras...
-murmuró irónicamente Cruzada.
Pero al oír este nombre, Cazadoras, la asamblea entera se agitó. -¡No hay para
qué decir eso!
–gritaron
-. ¡Ellas son culebras, y nada
más!
-¡Ellas se llaman a sí mismas
las Cazadoras!
-replicó secamente Cruzada
-. Y estamos en Congreso.
También desde tiempo inmemorial es fama entre las víboras la rivalidad
particular de las dos yararás: Lanceolada, hija del extremo norte, y Cruzada,
cuyo hábitat se extiende más al sur. Cuestión de coquetería en punto a belleza,
según las culebras.
-¡Vamos, vamos! -intervino Terrífica
-. Que Cruzada explique para
qué quiere la ayuda de las culebras, siendo así que no representan la Muerte
como nosotras. -¡Para esto! -replicó Cruzada ya en calma
-. Es indispensable saber qué
hace el Hombre en la casa; y para ello se precisa ir hasta allá, a la casa
misma. Ahora bien, la empresa no es fácil, porque si el pabellón de nuestra
especie es la Muerte, el pabellón del Hombre es también la Muerte, y bastante
más rápida que la nuestra... Las culebras nos aventajan inmensamente en
agilidad. Cualquiera de nosotras iría y vería. Pero ¿volvería? Nadie mejor para
esto que la Ñacaniná.
Estas exploraciones forman parte de sus hábitos
diarios, y podrían, trepada al techo, ver, oír y regresar a informarnos antes
de que sea de día. La proposición era tan razonable que esta vez la asamblea
entera asintió, aunque con un resto de desagrado.
-¿Quién va a buscarla?
-preguntaron varias voces.
Cruzada desprendió la cola de un tronco y se deslizó afuera.
-¡Voy yo!
-dijo-. En seguida vuelvo.
-¡Eso es! -le lanzó Lanceolada de atrás-.
¡Tú que eres su protectora la hallarás en
seguida! Cruzada tuvo aún tiempo de volver la cabeza hacia ella, y le sacó la
lengua, reto a largo plazo.
Actividad
Luego
de leído el cuento la tortuga y el gigante de Horacio Quiroga, realiza un
resumen en tu cuaderno de Castellano de tres cuartillas, observa los aspectos a
evaluar.
Ø Debes
cuidar la presentación y ortografía
Ø Debes
realizarlo a bolígrafo azul o negó
Ø El
cuaderno de Castellano debe tener trazado su margen y los subrayados de títulos
y subtítulos del mismo color que el margen
Ø Importante
cada vez que comiences un párrafo deja un espacio de 1 cm de sangría si
trabajas en el cuaderno.
Ø Los
signos de puntuación no se les coloca color.
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Aspectos
a evaluar
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Ponderación |
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Organización ideas
puestas en un orden lógico y la forma en que son presentadas mantiene
el interés del lector |
4 puntos |
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Ortografía, puntuación y gramática. El resumen no presenta, errores de
puntuación, ortografía, uso de mayúsculas |
4 puntos |
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Exposición de las ideas. El resumen incluye
la idea principal y los detalles más importantes del texto
|
4 puntos |
|
Comprensión del tema. El resumen contiene todos los hechos certeros
sobre el tema. |
4 puntos |
|
Identificación
de las ideas centrales. Expone la idea principal nombra el tema del resumen y
esquematiza los puntos principales |
4 puntos |
|
Nota |
20 puntos |