Clase para copiar en el cuaderno
4to año
El resumen
Un resumen es una exposición abreviada, concisa y fiel sobre los puntos más importantes de un texto o documento. Como tal, puede realizarse de manera oral o escrita, y debe ser objetivo, claro y coherente.
Es una técnica de síntesis mediante la cual llevamos un texto a su expresión más esencial, apuntando las ideas más importantes y los aspectos más relevantes del tema, sin que medien interpretaciones o posturas críticas. Su objetivo fundamental es facilitar al lector la comprensión de un texto.
El resumen, es el resultado de un análisis completo y profundo del texto. Para ello, se procede a leer y comprender el texto; subrayar, resaltar y anotar las ideas principales; para, a continuación, realizar un esquema que nos permita identificar su estructura y la forma en que esta se desarrolla.
Tipos de resumen
Resumen ejecutivo. Es un tipo de resumen muy empleado en el mundo financiero y de los negocios, en el cual se busca interesar en la dinámica de una futura empresa u organización a quien lo lee, dándole los puntos más relevantes del mismo.
Resumen bibliográfico. Es el resumen que se hace de un libro, una obra de literatura o una disertación, incluso un libro científico, ya sea para fines divulgativos, o simplemente para una ficha en una biblioteca, en una librería digital o un sistema de clasificación de libros
Resumen de prensa. Suele hacerse un resumen de prensa o resumen informativo, en el cual se sintetizan las noticias del día eligiéndolas en base a su importancia para la opinión pública (o el criterio editorial), en los grandes medios de comunicación como la TV.
¿Cómo se hace un resumen?
Para hacer correctamente un resumen podemos guiarnos por los siguientes pasos:
Leer el texto original a cabalidad. Esto es indispensable para hacer el resumen: no se puede resumir lo que se desconoce, ni se puede resumir un texto leyéndolo por encima, pues ignoraremos cuáles son las ideas principales y cuáles las secundarias.
Separar el texto en párrafos. Una vez separado, marcar en cada párrafo las ideas principales, secundarias y suplementarias, empleando un resaltador diferente para cada categoría. Si es necesario, toma apuntes al margen o en una hoja aparte.
Trascribe lo subrayado. Copia en tu cuaderno las ideas principales y secundarias solamente, y trata de ordenarlas para formar con ellas un único párrafo.
Redacta de nuevo el párrafo. Vuelve a escribir el párrafo con las ideas primarias y secundarias ordenadas, pero esta vez trata de hacerlo con tus propias palabras.
Revisa lo escrito. Relee tu texto final y elimina las cosas que le sobren. Añádele un título y la información del libro resumido (autor, título, editorial) en alguna parte.
LA GALLINA DEGOLLADA.
Horacio Quiroga.
Todo
el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del
matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos
estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. El patio era de tierra,
cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a
cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos.
Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta.
La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se
animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma
hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía
eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces,
mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre
estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban.
Todo
el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de
glutinosa saliva el pantalón. El mayor tenía doce años, y el menor ocho. En
todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de
cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido
un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta
orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un
porvenir mucho más vital: un hijo: ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa
honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo
amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas
posibles de renovación? Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo
llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La
criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el
vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana
siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención
profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las
enfermedades de los padres. Después de algunos días los miembros paralizados
recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se
habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante,
muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.
—
¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su
primogénito
El
padre, desolado, acompañó al médico afuera.
—A
usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse
en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.
—
¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia,
que?...
—En
cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo.
Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más,
pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar bien.
Con el
alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño
idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener
sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven
maternidad.
Como
es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació
éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero
a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día
siguiente amanecía idiota. Esta vez los padres cayeron en honda desesperación.
¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho
años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un
átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el
primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del
nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de
redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron
mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores. Mas, por
encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus
cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus
almas, sino el instinto mismo abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni
aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no
darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de
sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u
oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba,
radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa;
pero no se pudo obtener nada más. Con los mellizos pareció haber concluido la
aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente
otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la
fatalidad. No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se
exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada
cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus
hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían
nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que
es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciálense
con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la
insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me
parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las
manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta
continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la
primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini
volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros
hijos, ¿me parece?
—Bueno;
de nuestros hijos. ¿Te gusta así? — alzó ella los ojos.
Esta
vez Mazzini se expresó claramente:
—
¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
— ¡Ah,
no! —se sonrió Berta, muy pálida
—
¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!...
—murmuró.
—
¿Qué, no faltaba más?
— ¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo,
entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir. Su marido la miró un momento,
con brutal deseo de insultarla.
—
¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como
quieras; pero si quieres decir...
—
¡Berta!
—
¡Como quieras!
Este
fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables
reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando
siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella
toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del
mimo y la mala crianza. Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de
sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo
recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A
Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo.
Continúa…
Actividad
Luego de leído el cuento realiza un resumen en tu cuaderno de Castellano de tres cuartillas, observa los aspectos a evaluar.
Ø Debes
cuidar la presentación y ortografía
Ø Debes
realizarlo a bolígrafo azul o negó
Ø El
cuaderno de Castellano debe tener trazado su margen y los subrayados de títulos
y subtítulos del mismo color que el margen
Ø Importante
cada vez que comiences un párrafo deja un espacio de 1 cm de sangría si
trabajas en el cuaderno.
Ø Los
signos de puntuación no se les coloca color.
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Aspectos
a evaluar
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Ponderación |
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Organización ideas
puestas en un orden lógico y la forma en que son presentadas mantiene
el interés del lector |
4 puntos |
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Ortografía, puntuación y gramática. El resumen no presenta, errores de
puntuación, ortografía, uso de mayúsculas |
4 puntos |
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Exposición de las ideas. El resumen incluye
la idea principal y los detalles más importantes del texto
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4 puntos |
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Comprensión del tema. El resumen contiene todos los hechos certeros
sobre el tema. |
4 puntos |
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Identificación
de las ideas centrales. Expone la idea principal nombra el tema del resumen y
esquematiza los puntos principales |
4 puntos |
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Nota |
20 puntos |